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En 1995 los directores Lars Von Trier y Thomas Vinterberg se reunieron para redactar un manifiesto de diez mandamientos al que llamaron (en mayúsculas, siempre en mayúsculas) EL VOTO DE CASTIDAD. Esa es la leyenda, el resto de la historia está bien documentado:

El 20 de marzo del 95, Von Trier estaba en París por el 100 aniversario del cine y fue ahí donde dio a conocer el manifiesto Dogma 95, dando inicio a un movimiento fílmico desarrollado por los directores daneses Thomas Vinterberg, Kristian Levring, Soren Kragh-Jacobsen y por supuesto, Lars Von Trier. Su meta era producir películas simples, sin modificaciones en la posproducción y poniendo énfasis en el desarrollo dramático, basando todo en una serie de estatutos.

Tal vez intencionalmente, las diez reglas fueron lo suficientemente estrictas y polémicas para poder afirmar que el movimiento no duraría mucho, de cualquier forma, Dogma 95 era un buen ejercicio para mostrar la realidad oculta tras el acto cinematográfico y rescatar sus conceptos básicos.

Las películas Dogma lucen un certificado de autenticidad y un número de matrícula, expedidos por un comité de jueces que valoran la película y verifican que cumple con…

EL VOTO DE CASTIDAD:

Juro someterme a las siguientes reglas, establecidas y confirmadas por:

1. El rodaje debe realizarse en locaciones reales. No se puede decorar ni crear un “set”. Mobiliario y decorados no pueden ser introducidos (si un accesorio en concreto es necesario para la historia, será preciso elegir uno de los exteriores en los que se encuentre este accesorio).

2. El sonido no debe ser producido separado de las imágenes y viceversa. (No se puede utilizar música, salvo si está presente en la escena en la que se graba).

3. La cámara debe sostenerse en la mano. Cualquier movimiento -o inmovilidad- conseguido con la mano están autorizados.

4. La película tiene que ser en color. La iluminación especial no es aceptada (Si hay poca luz, la escena debe ser cortada, o bien se puede montar sólo una luz sobre la cámara).

5. Efectos especiales y filtros de cualquier tipo están prohibidos.

6. La película no debe contener ninguna acción o desarrollo superficial (no pueden haber armas ni muertos en la historia).

7. Los cambios temporales y geográficos están prohibidos. (Es decir, que la película sucede aquí y ahora).

8. Las películas de género no son aceptadas.

9. El formato de la película debe ser en 35 mm.

10. El director no debe aparecer en los créditos (Dogma está en contra de la concepción de una película como creación individual).

 Además, juro como director abstenerme de todo gusto personal. Ya no soy un artista. Desde ahora prometo no crear una “obra”, ya que considero que el instante es mucho más importante que la totalidad del producto. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas.

Como vemos, no es tan fácil respetar el Dogma 95 devotamente. Su régimen limita espeluznantemente la forma de hacer una película. Lo mejor de este vandalismo cinematográfico es que sus propios fundadores se brincaron sus propias reglas, deshonrando al decálogo para consumar sus películas. La primer Dogma “Festen” de Thomas Vitenberg, fue certificada con todo y algunas trasgresiones a las reglas (uso de formato de video en lugar de 35mm, uso de mobiliario premeditado, etc.) Así mismo ocurrió con “Idioterne”  de Von Tier (Dogma #2) y con muchas otras que le siguieron.

Previo a recibir la certificación, los directores infractores tuvieron que firmar una confesión, justificando el porqué de los delitos y recibiendo posteriormente una absolución, considerándose así sus pecados como violaciones morales.

La única película que se mantuvo fiel al manifiesto fue “Mifune” (Dogma #3) del director Soren Krag-Jakobsen. Muchas otras fueron rechazadas, “Blair Wich Project” de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez por ejemplo, fue impugnada por no cumplir, de entrada, con el voto número 8, por tratarse de una película de terror.

Resulta curioso que las dos primeras películas Dogma, al parecer establecieron una receta para todas las demás; prácticamente todas abordaron el tema de la familia, en historias que se desarrollan en periodos cortos de tiempo y con la inclusión de algún  personaje “extraño”, por decirlo de forma respetuosa; con alguna deficiencia mental. El amor y el sexo, también son un común denominador aunque no como tema central, como tampoco lo son la política y la denuncia social. La mayoría de las películas Dogma se centran en gente que vive más o menos bien, sin agobiantes problemas económicos o políticos.

Este tipo de semejanzas, así como diversos recursos formales y principios de ejecución comunes entre las películas, ocasionaron que en Junio de 2002 el movimiento Dogma 95 fuera clausurado. La declaración oficial que acompañó al finiquito decía que el manifiesto se había convertido en una fórmula genérica, y en consecuencia, se detendría la mediación e interpretación de las películas. Quedaron registradas y reconocidas un promedio de 254 cintas que ostentan  el certificado de autenticidad, cuatro de ellas mexicanas: “El último lector” (#39) de Sergio Marroquín, “Los perritos” (#76) dirigida por Miguel Hidalgo, “Rosa de la India” (#131) de René Verduzco y “Fea y rebelde” (#227) de Fran Ilich.

Cabe la posibilidad de que Dogma 95 haya sido un instrumento de marketing para promocionar películas no comerciales. El hecho de que una película tuviera la certificación, le otorgaba el prestigio de pertenecer a un movimiento de vanguardia, y con esto, una proyección a nivel internacional.

La corriente fue galardonada y repudiada por igual, como sea ya no existe, pero es importante recordarla, pues aunque muchos no lo quieran aceptar, Dogma 95 es un referente en la realización de muchas películas, incluso en la actualidad. Es un  movimiento que merece atención sencillamente porque desterró la creencia de que hacer películas implicaba mucho dinero y tecnología, y ha fomentando con esto, la aparición de un lenguaje audiovisual más libre y novedoso. Dudo mucho que Von Tier y sus secuaces pretendieran imponer algo, más bien trataban de exhortar a sus colegas a distanciarse de lo tradicional e intentar otras formas de hacer cine. Nadie sabe si todo fue una broma, un juego o una provocación, pero funcionó para despertar de ciertos prejuicios al adormilado cine contemporáneo.

Harmony Korine director de “Julien Donkey-Boy”  -considerada como la película Dogma más pura en su puesta en escena- hace una reflexión que sirve de conclusión: “Lars habla del Voto de Castidad como si fuera una religión o una iglesia. Y la iglesia es un buen sitio para ir si uno cree que tiene que arrepentirse de algo. No podría hacer todas mis películas de esa manera, ni creo que lo necesite. Y estoy seguro de que recurriré a un método completamente diferente en la próxima película que haga. Y que iré en contra de lo que he alabado del Voto de Castidad. Pero me gusta saber que el Voto existe, por si me toca arrepentirme después de haber pecado”.

Películas dogma destacadas:

“Festen”  Thomas Vinterberg, 1998.
“Idioterne” Lars von Trier, 1998.
“Mifune” Soren Kragh-Jacobsen, 1999.
“The King is alive” Kristian Levring, 2000.
“Lovers” Jean Marc Barr, 1999.
“Julián Donkey-Boy” Harmony Korine, 1999.