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«El delito contra el alma es separar a un hombre de los otros seres racionales y de la naturaleza, dificultar su acceso a un destino humano y privarle de alimentos espirituales. Es el más criminal de los atentados puesto que va dirigido contra el patrimonio más auténtico del hombre, su libertad y su vocación espiritual».

Kaspar Hauser, fue la sensación de los medios a principios del siglo XIX. Criado en una cueva oscura desde su nacimiento, y sabiendo decir sólo una frase, llegó un día de 1828 a un pequeño pueblo alemán, convirtiéndose en una curiosidad científica: un humano casi adulto, de unos 16 ó 17 años, sin lenguaje, sin influencias externas, una hoja de papel en blanco para que la sociedad escribiera en él con impunidad.

Apareció en las calles de Nuremberg (Alemania) el 26 de mayo de 1828  un adolescente que se comportaba y caminaba de forma extraña como si estuviera herido o borracho. La gente se sorprendió porque al intentar hablar con él éste no atinaba a responder nada, en cambio no paraba de repetir “Quiero ser jinete como mi padre”, su aspecto era de total abandono, sujetaba un sombrero y un pequeño caballo de madera, llevaba también una carta dirigida al capitán del regimiento de Schmolishe que explicaba su rara procedencia, iba remitida al capitán Von Wessenig:

“Le envío este chico que desea servir a su rey en el Ejército. Me fue entregado a mí, el 7 de octubre de 1812. Su madre me pidió que lo educara como a mi propio hijo. Desde ese día jamás le he dejado salir fuera de la casa. Él mismo no conoce el nombre del lugar. Puede preguntarle, pero no será capaz de decirle donde vivo. Lo saqué de la casa de noche. No podrá encontrar el camino de vuelta”.

En la misma carta había otra en su interior, en la que parecía firmar su madre, aunque luego se demostró que había sido escrita por la misma mano que la anterior, es decir, por su padre:

“Este chico ha sido bautizado. Su nombre es Kaspar; usted mismo debe darle un apellido. Le pido que cuide de él. Su padre fue un soldado de caballería. Cuando cumpla 17, llévelo a Núremberg, al Sexto Regimiento: su padre pertenecía a él. Le suplico que lo mantenga hasta los 17. Nació el 30 de abril del 1812. Soy una chica pobre, no puedo hacerme cargo de él. Su padre está muerto.”

El joven no pudo responder a las preguntas de la policía ni indicar el lugar del que venía. Su vocabulario parecía muy limitado y alguna que otra vez exclamaba “¡Caballo! ¡Caballo!”. Quienes lo conocieron no sabían si clasificarlo como enfermo mental o salvaje, otros tenían la duda de si era tan solo un simple impostor. Su carcelero dijo al diario local: “Kaspar permanece horas sentado sin mover un sólo músculo. No camina y le molesta la luz. En la oscuridad ve como un gato”. Llegaron centenares de curiosos, educadores y científicos. Todos querían ver cómo era ese “animal salvaje” que defecaba en su celda sin importarle la mirada ajena y jugaba con un caballito de madera al que además alimentaba antes de comer él. Otras atracciones consistían en arrimarle una vela, cuya llama Kaspar pretendía tomar, quemándose los dedos, o mostrarle un reloj de péndulo, cuyo movimiento y sonido lo aterraban. No diferenciaba entre un objeto inanimado y otro vivo. La leche y la carne, le provocaban nauseas, y solo aceptaba amablemente pan o agua.

El carcelero de Nuremberg se sintió intrigado por el muchacho y lo encerró en una habitación de su propia residencia. Le bastaron unos pocos días de atenta observación para convencerse de que Hauser no era un retrasado mental, ni estaba loco. Con afectuosa paciencia, el carcelero lo enseñó a hablar, admirándose por la rapidez y el afán con que el muchacho aprendía cosas nuevas.

Al cabo de seis semanas, Hauser pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Se supo por él mismo que había estado encerrado en una celda de aproximadamente 1.80 metros de largo por 1.20 de ancho y 1.5 de alto. Los postigos de la ventana estaban siempre cerrados y dormía sobre un jergón de paja. Jamás había visto la luz del sol, salvo por unos pequeños rayos que se filtraban por la pared, tampoco había visto nunca a un ser humano, y sólo estaba acompañado por un caballo de madera de juguete, nunca se sintió feliz o triste, adolorido o cansado. No vio a nadie ni oyó virtualmente nada durante todos los años que pasó allí, viviendo del pan y el agua que encontraba en su celda cuando se despertaba todos los días. Algunas veces, dijo, el agua sabía amarga y se quedaba dormido. Cada vez que ocurría esto, al despertarse advertía que le habían cortado el cabello y las uñas.

Según el joven, el primer contacto que recuerda con una persona fue con un misterioso hombre que le había visitado poco antes de su liberación y que en ningún momento mostró su cara. Este hombre le enseñó a escribir su nombre, a mantenerse en pie y a caminar. Después de años de aislamiento, una mano se introdujo en su celda, desde atrás, y le dio una hoja de papel y una pluma. Y todos los días guió aquella mano la suya hasta enseñarle a escribir su nombre y repetir la frase: “Quiero ser jinete como mi padre”. Una mañana, abrieron su celda y le sacaron a la calle, donde vio la luz del día y a otras personas por primera vez en su vida. También era la primera vez que llevaba zapatos. En la confusión de aquellas imágenes y sonidos extraños para él, Hauser no recordaba nada, hasta que se había encontrado en Nuremberg.

Los doctores que lo examinaron informaron que el joven ni era loco ni imbécil, pero que la separación por la fuerza y con crueldad del contacto con los seres humanos desde su más tierna infancia le habían influido en su desarrollo. Abundaron los rumores, sobre todo el de que Hauser era de noble cuna y que su aislamiento infantil había sido cruelmente proyectado para impedir que sucediese en el poder a un príncipe de Baden, la creencia popular sostenía que Kaspar era hijo ilegítimo, apartado y mantenido encerrado a favor de otro heredero. Esta historia, muy conocida incluso hoy en día, provocó ríos de hipótesis, estudios y análisis convirtiendo a Kaspar en objeto de atención internacional, aunque también aparecieron las voces que afirmaban que sólo era un impostor. Existen otras teorías más modestas, para las cuales lo más probable es que Kaspar fuera tan solo el hijo ilegítimo de un soldado y una campesina, lo que encajaría con la carta inicial. O un simple campesino huido de un hogar del que a nadie le preocupaba que no volviera. Tras su liberación, el chico se habría convertido en una víctima de su propia fama, especialmente cuando esta empezó a desvanecerse.

Hauser siguió educándose y adquirió conocimientos de filosofía, latín y ciencias. Falleció cinco años después de ser encontrado, el 17 de diciembre de 1833, víctima de asesinato.

Durante varios años, hubo consenso entre los investigadores sobre que la historia de Hauser no podía ser tomada al pie de la letra. Los psiquiatras afirmaban que si Kaspar hubiera vivido en las condiciones que él mismo explicó cuando era pequeño, y hasta que cumplió los 16 años, hubiera sufrido un retraso mental grave, es más no hubiera podido vivir tanto, sin embargo hay documentadas historias en las que Kaspar ante un espejo miraba detrás para encontrar la persona que había dentro, tampoco era capaz de entender porque los objetos más lejanos se veían más pequeños. Muchas teorías científicas se vinieron abajo cuando en 1920 fue encontrado el calabozo donde Hauser vivió. Actualmente se defiende la versión de que fue la privación de la lenta forja educativa, a causa de la soledad, el motivo de su retraso evolutivo. En cualquier caso, la pregunta sobre quién fue realmente Kaspar Hauser sigue sin respuesta.

La historia caló profundamente en el imaginario colectivo e inspiró libros, películas, discos, historietas, óperas, obras de teatro, esculturas, pinturas. El muchacho llegado de ninguna parte fue enterrado en el cementerio de Ansbach. En la lápida de su tumba grabaron un sencillo epitafio: “Aquí yace Kaspar Hauser, un enigma”.

Películas basadas en la historia de Kaspar Hauser:

El enigma de Kaspar Hauser
Alemania. 1975.
Director: Werner Herzog.
Intérpretes: Bruno S., Walter Landengast, Brigitte Mira, Willy.

Nell
EE.UU. 1994.
Director: Michael Apted.
Intérpretes: Jodie Foster, Liam Neeson, Natasha Richardson, Richard Libertini.

Suzanne Vega – Wooden Horse (Caspar Houser’s Song).
Caballo de Madera (La Canción de Caspar Houser).

I came out of the darkness
Holding one thing
A small white wooden horse
I’d been holding inside
 
And when I’m dead
If you could tell them this
That what was wood became alive
What was wood became alive
 
In the night the walls disappeared
In the day they returned
“I want to be a rider like my father”
Were the only words I could say
 
And when I’m dead
If you could tell them this
That what was wood became alive
What was wood became alive
Alive
 
And I fell under
A moving piece of sun
Freedom
 
I came out of the darkness
Holding one thing
I know I have a power
I am afraid I may be killed
 
But when I’m dead
If you could tell them this
That what was wood became alive
What was wood became alive
Alive
Vengo de la oscuridad
Sujetando algo
Un pequeño caballo blanco de madera
Lo tenia allá
 
Y cuando yo muera
Si pudiera usted decirles
Que la madera cobraba vida
La madera cobraba vida
 
En la noche las paredes desaparecían
En el día regresaban
“Quiero ser un jinete como mi padre”
Era lo único que sabía decir
 
Y cuando yo muera
Si usted pudiera decirles
Que la madera cobraba vida
La madera cobraba vida
Cobraba vida
 
Y yo me enamoraba
De un pequeño rayo de sol
Libertad
 
Vengo de la oscuridad
Sujetando algo
Sé que tengo poder
Temo que van a matarme
 
Pero cuando yo muera
Si usted pudiera decirles
Que la madera cobraba vida
La madera cobraba vida
Cobraba vida