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Una mujer que interpreta el único papel masculino significativo de la película, tiene mucho sentido en este relato. Si ya vieron Suspiria, habrán notado que Tilda Swinton interpreta a tres personajes; Madame Blanc, Dr. Jozef Klemperer y Helena Markos (no es spoiler, todos los personajes están acreditados). Pero, ¿Cuál era la necesidad de que ella interpretara tres personajes? Entiendo que tanto Amazon como los realizadores y actores, hicieran todo lo posible para fingir que Swinton no hacía ese papel de Klemperer, con la finalidad de aumentar el interés hacia la película. Pero ¿no era más fácil que ese personaje fuera interpretado por, vaya, un hombre? Reflexionando sobre el significado de este personaje, podemos encontrar esto:

Una mujer que interpreta el único papel masculino significativo de la película, tiene mucho sentido en este relato.

Si bien es un poco molesto que la mujer en cuestión sea alguien tan reconocible como Tilda, el juego de adivinanzas involucrado en la comercialización del personaje es mucho más confusa. ¿Por qué no salir y decir desde el principio que es ella?

Aunque no tiene una contraparte en la película original de Dario Argento, el personaje de Klemperer no es insignificante. La película, que está llena casi por completo de personajes femeninos, abre y cierra con él. Es un observador externo. La mirada masculina se inmiscuye poco. Dos actores interpretan a detectives alemanes que son cruelmente ridiculizados y despedidos por el aquelarre. Sin embargo, aparte de eso, el resto de los roles importantes pertenecen a mujeres.

Entonces, mientras Klemperer profundiza en los misterios de las brujas y las observa figurativa y literalmente, nosotros, el público, nunca vemos la historia a través de los ojos de un hombre, porque, una vez más, no se olvida que es Swinton está en este papel.

¿Para qué incluir la subtrama de Klemperer, sobre todo si la primera película funcionó bien sin él? Si vemos otras películas de Guadagnino como Call Me by Your Name y A Bigger Splash, se nota una gran dosis de sentimentalismo. La Suspiria original no tiene nada de eso, es más bien fría, sensual y terrorífica. Por lo tanto, es muy consecuente con su trabajo anterior, incluir una historia de amor que conmueve, en una narrativa más amplia y aguda sobre los celos, la culpa masculina, el poder femenino y el despertar sexual.

Un gran detalle es ver de nuevo a Jessica Harper, protagonista en la original Suspiria de 1977, quien comparte un importante tiempo en pantalla con el personaje de Klemperer, en la que probablemente sea la escena más emotiva del filme.

Y bien, si los realizadores insistieron tanto en atenuar la mirada masculina, ¿por qué no hacer que el rol de Klemperer fuera femenino? Aquí, una vez más se subraya lo importante de que Klemperer sea un forastero. Como mujer, siempre existiría la ligera posibilidad de que este personaje, pudiera unirse al aquelarre. Pero como observador y testigo pasivo ocasional, Klemperer puede desempeñar un papel clave en cualquier historia sobre el surgimiento de un régimen fascista. Estamos viviendo una época del cine, en la que el actor silencioso es quizás más importante que nunca. Y como un hombre mayor cuya vida fue destrozada para siempre por el Holocausto, Klemperer es maldecido dos veces.

Hacia el final de la película, otro misterio se presenta cuando un tercer personaje, bajo capas aún más pesadas de maquillaje y prótesis, aparece alegremente en el escenario. Es la versión 2018 de la líder Helena Markos. Swinton haciendo no uno, sino tres roles distintos y todos desafiantes. Tal vez solo ella estaba a la altura de ese tipo de brujería.