Room: El delito contra el alma

“El delito contra el alma es separar a un hombre de los otros seres racionales y de la naturaleza, dificultar su acceso a un destino humano y privarle de alimentos espirituales. Es el más criminal de los atentados puesto que va dirigido contra el patrimonio más auténtico del hombre, su libertad y su vocación espiritual”. 

Anselm von Feuerbach, abogado de Kaspar Hauser.

Durante cinco años, Jack despierta cada mañana en una habitación de 4 x 4. Un espacio sin ventanas, con un tragaluz y una puerta cerrada con llave. Un niño de cinco años con el cabello hasta los hombros, saluda cada día al mundo que conoce desde su nacimiento: la lámpara, el fregadero, la planta, la silla, el refrigerador, su perro imaginario. La madre de Jack, ha permanecido en la misma habitación durante siete años. Madre e hijo atrapados en un cuarto, sin oportunidad de salir ni una sola vez. Sus días consisten en cocinar, leer, jugar y ver televisión. A Jack le cuesta creer que lo que ve en la pantalla es real, todo lo que conoce del mundo es lo que tiene delante de sus ojos.

La idea general se explica con bastante rapidez, aunque el por qué del espacio cerrado y su ubicación, tardan un poco en asimilarse.

Cambiar la perspectiva con la que el espectador observa una película, es una decisión drástica. Los narradores pueden ser poco confiables. Esta película se percibe a través de la mirada de un niño que ha pasado toda su vida en un solo lugar, y que al salir de ahí, observa el mundo por primera vez.

El territorio temático de Room tiene una inmensa promesa. Solo para salir de la tangente, este tema siempre me ha calado hondo, por esa razón le puse el nombre de “Cautivos” a un proyecto musical que inicié hace nueve años. Siempre me he preguntado acerca de la ética de la ceguera, de cómo una persona ciega que puede ver por primera vez, es capaz de comprender su nueva visión, de situar una correlación con su inmersión previa limitada a las palabras y a la imaginación. 

Room insinúa algunas de estas complejidades en el procesamiento por parte de un niño (la escena cuando ve a un perro por primera vez es incuestionablemente conmovedora). Si bien hay algunas inverosimilitudes de la trama, estas quedan como telón de fondo, la película es principalmente un tributo al mito de la caverna de platón.

Para aquellos que no recuerden la connotación filosófica del mito, en tres líneas hago un resumen: Persona encadenada en una cueva toda la vida junto a otros, lo único que ha visto son sombras en una pared, se libera, sale al mundo exterior, alucina, vuelve a la caverna, le cuenta todo a sus compañeros, estos no le creen y lo asesinan.

Tomando como base a Platón, podemos describir una de las escenas de la película; la madre intenta explicar a su hijo cómo es el mundo exterior, él no le cree, pues anteriormente, su madre le había hecho pensar que todo el mundo se ceñía básicamente a cuatro paredes y a un televisor. Es otra alegoría de aquellos que sólo ven las sombras de la realidad. Cuando el niño logra salir, es fascinante la expresión de su rostro al ver el cielo, sentir el aire y todo aquello nunca ha percibido; convirtiéndose esta en una de las mejores imágenes de la película y una de las más platónicas, al mismo tiempo.

La película también nos recuerda al enigma de Kaspar Hauser, quien fue la sensación de los medios a principios del siglo XIX. Criado en una cueva oscura desde su nacimiento y hasta sus 16 años de edad, y sabiendo decir sólo una frase, llegó un día de 1828 a un pequeño pueblo alemán, convirtiéndose en una curiosidad científica: un humano casi adulto, de unos 17 años, sin lenguaje, sin influencias externas, una hoja en blanco.

Hauser pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Se supo por él mismo que había estado encerrado en una celda de aproximadamente 1.80 metros de largo por 1.20 de ancho y 1.5 de alto. Los postigos de la ventana estaban siempre cerrados y dormía sobre un jergón de paja. Jamás había visto la luz del sol, salvo por unos pequeños rayos que se filtraban por la pared, tampoco había visto nunca a un ser humano, y sólo estaba acompañado por un caballo de madera de juguete, nunca se sintió feliz o triste, adolorido o cansado. No vio a nadie ni oyó virtualmente nada durante todos los años que pasó allí, viviendo del pan y del agua que encontraba en su celda cuando se despertaba todos los días. Algunas veces, dijo, el agua sabía amarga y se quedaba dormido. Cada vez que ocurría esto, al despertarse advertía que le habían cortado el cabello y las uñas.

Los médicos que lo examinaron informaron que el joven ni era loco ni imbécil, pero que la separación por la fuerza y con crueldad del contacto con los seres humanos desde su más tierna infancia le habían influido en su desarrollo. Durante varios años, hubo consenso entre los investigadores sobre que la historia de Hauser no podía ser tomada al pie de la letra. Los psiquiatras afirmaban que si Kaspar hubiera vivido en las condiciones que él mismo explicó, hubiera sufrido un retraso mental grave, es más, no hubiera podido vivir tanto, sin embargo hay documentadas historias en las que Kaspar ante un espejo miraba detrás para encontrar la persona que había dentro, tampoco era capaz de entender por qué los objetos más lejanos se veían más pequeños.

Muchas teorías científicas se vinieron abajo cuando en 1920 fue encontrado el calabozo donde Hauser vivió. Actualmente se defiende la versión de que fue la privación de la lenta forja educativa, a causa de la soledad, el motivo de su retraso evolutivo. En cualquier caso, la pregunta sobre quién fue realmente Kaspar Hauser sigue sin respuesta. Su historia caló profundamente en el imaginario colectivo e inspiró libros, películas, historietas, óperas, esculturas, pinturas. El muchacho llegado de ninguna parte fue enterrado en el cementerio de Ansbach. En la lápida de su tumba grabaron un sencillo epitafio: “Aquí yace Kaspar Hauser, un enigma”.

Cerrando con las referencias, el tema del encierro, también me remite a la situación de algunas especies animales. Los animales son seres conscientes de sus experiencias, disfrutan de su vida cuando les es posible, pueden pasar horas jugando o explorando sus alrededores, son seres sociables, les gusta estar con sus compañeros, darse baños de arena o tomar el sol, todo esto les resulta agradable; por ello sufren enormemente cuando son privados de su libertad y frustradas sus posibilidades de vivir tranquilamente, igual que las personas. Algunos animales viven hasta que valen más muertos que vivos. La muerte de un animal puede ser el punto final de una vida cuyo valor fue medido solo por la cantidad de beneficios que generó, sin importar su sufrimiento, ni su necesidad de crecer con su familia, cuidar de sus hijos o de ver alguna vez la luz del sol.

Afortunadamente, Room no es presa del niño en el papel principal, quien está disperso en torno a muchas virtudes dramáticas. Además, está llena de curiosidad que excita y agota las emociones simultáneamente. El vínculo entre el niño y su madre es una relación difícil de captar, pero los niveles matizados de amor están retratados de una forma que se ha visto pocas veces. Los violines del final me sobran, pero ayuda que la creadora de la historia haya desarrollado su propio trabajo para la pantalla. Ella entiende la complicada relación entre estos personajes que no condesciende al niño, o al trauma que ambos experimentan.

Vengo de la oscuridad
Sujetando un pequeño caballo blanco de madera
Lo tenia allá

En la noche las paredes desaparecían
En el día regresaban
“Quiero ser un jinete como mi padre”
Era lo único que sabía decir

Y yo me enamoraba
De un pequeño rayo de sol… Libertad 

Y cuando yo muera
Si pudiera usted decirles
Que la madera cobraba vida
Cobraba vida


— Suzanne Vega – Wooden Horse (Casper Hauser’s Song).

Título original: Room
Dirección: Lenny Abrahamson
Guion: Emma Donoghue
Música: Stephen Rennicks
Fotografía: Danny Cohen
Montaje: Nathan Nugent
Protagonistas: Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, Sean Bridgers. William H. Macy

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